La ciudad

Burriana fue fundada por los árabes en el siglo IX, y fueron ellos mismos los que la calificaron de villa verde o Medina Alhadra. La ciudad musulmana se extendía sobre unas tres hectáreas, estando rodeada por una muralla circular reforzada por cuarenta torres y dos baluartes. Fue una localidad bastante próspera, pues era centro de un "amal" o distrito.

El 16 de Julio de 1233, después de un asedio de dos meses, Jaime I entró en Burriana. La toma de Medina Alhadra marcó el inicio de la campaña militar del futuro reino de Valencia, y fue una de las gestas más importantes de la historia valenciana. Una vez expulsados los 7.000 árabes que residían en el "amal", comenzó la repoblación de la ciudad con familias provenientes de Tortosa y el sur de Aragón.

En 1236 Jaime I hace venir a su mujer, Na Violant d’Hongría, para que establezca en Burriana su corte. De aquel esplendor aún quedan algunos testimonios en la ciudad, cómo la antigua granja del orden de Calatrava, situada entre el centro urbano i el Grau. El monarca le otorgó a la villa Carta Puebla el día 1 de noviembre del año de su conquista.

El año 1339, el rey Pere IV el Ceremonioso recompensa la fidelidad de Burriana, igualándola en privilegios con Valencia y el año 1347 le concede bandera propia. En 1363, aprovechando la presencia del monarca, el gobierno municipal le solicita la construcción de una torre para la villa.

En 1594, el Ayuntamiento de Burriana acordaba ceder a la Orden de la Merced la Ermita de San Mateo situada extramuros de la villa.

Burriana mantendrá hasta finales del siglo XVII una estructura urbana y una población semejante a las de los tres últimos siglos, pero el siglo XVIII traerá un aumento de la población que pasa a ser de cinco mil habitantes. Se demolerán las puertas más significativas y se configurarán los arrabales del Mar y de Valencia.

En 1736, el convento mercedario se convierte en Seminario de Misiones del Reino. El inmueble recibe una espectacular reforma que traerá la sustitución de la vieja ermita por una nueva iglesia.

Burriana se había sustentado tradicionalmente de una economía de secano. Estos cultivos perduraron hasta la introducción masiva del naranjo, en el siglo XIX. El auge del comercio y la riqueza que propició, trajo la construcción de gran cantidad de edificios, inscritos en el eclecticismo.

Muchos comerciantes de naranja quisieron reflejar su nuevo estatus con la renovación de sus casas, que rehicieron y decoraron con las últimas novedades que encontraban en Europa.

Con el inicio del siglo XX llegará el modernismo. La producción edificatoria se dispara, dotando a la ciudad de un interés arquitectónico único.

Hacia los años 30, el modernismo cederá su protagonismo a la nueva arquitectura moderna.

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